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miércoles 30 de julio de 2008

Olor a regreso

He vuelto. Luego de una larga ausencia, agobiado por múltiples responsabilidades y tareas, he regresado. Como diría Shakira, estoy aquíiii.

Este tiempo de retiro de las pistas blogueras me ha hecho cuestionarme ciertas cosas. Laborales, principalmente. Veo que hay gente que se entretiene en su trabajo. Que goza haciéndolo (el trabajo, se entiende). Hay otros que, haciendo un trabajo que no los hace taaan felices, ganan mucha plata. Y eso los compensa. Hay otros, sobre los que no me referiré para evitar caer en insultos, que además de disfrutar de lo que hacen ganan mucha plata. Y bueno, uno entra a cuestionarse, ¿no?

Más todavía cuando uno se da cuenta de que hay gente a la que le pagan por hacer algo que no es necesario, y encima lo hace mal. ¿Me explico?

El otro día fui al supermercado. A más abundamiento, y ya que estamos en tono de queja laboral, se trataba de un local de la cadena aquella que tiene como rostro a una insufrible señora que tiene un cargo inexistente y que hace como que trabaja y cobra un sueldo millonario por hincharnos las pelotas. Perdonen el exabrupto, pero es intolerable.

Bueno, estaba yo en el supermercado (por suerte no había música de Arjona) y me dirigí, por encargo de mi legítima esposa, al pasillo de la limpieza. Un misterio absoluto para mí, pero ahí me encontraba, frente a los limpiadores de pisos. OK, ¿cuál llevo? Y cuando me encontré en la disyuntiva de elegir, ahí sí me vino la ira. ¿Han notado los nombres de los olores de estos productos? Son terribles, pero no fue tanto eso lo que me indignó, sino que ¡le pagan a alguien para que invente esos nombres!

Sí, fue una larga introducción para llegar a esto: los insólitos nombres de los aromas de los productos de limpieza y desodorantes ambientales. Por esta vez, me centraré en los limpiadores de piso de una marca, que no citaré.

Bebé: ¿por qué demonios alguien podría ponerle “bebé” a un olor de limpiador de pisos? Buena pregunta. Procedí, ya que estaba en esta investigación, a abrir el envase para ver de qué se trataba. INSOPORTABLE. El día que conozca una guagua con ese olor, arranco. De sólo imaginarme que mi hija pudiera oler así me dio angustia. El olor dulzón es terrible, pero lo peor, sin duda, es el nombre. Cerrar el envase y pasar al próximo.

Marino: OK, con este tuve miedo al abrirlo. ¿Se trataría de olor a mar, o a tripulante naval transpirado? Nunca se sabe con estas cosas, así que con cuidado acerqué mi nariz al envase recién abierto para descubrir que el aroma trataba –sin lograrlo, por cierto –de imitar el olor del mar. Un olor medio salobre, que definitivamente no tendría en el piso de mi casa. Next.

Frescura glaciar: en serio. Hay un aroma de limpiador de pisos que se llama frescura glaciar. Y no sé, me pareció como ecológico, con todo esto del calentamiento global. Bien por ellos que fomentan los glaciares, o lo que va quedando de ellos. Así que lo abrí. Gran error. Un aroma indescriptible, en ningún caso agradable, y definitivamente de ninguna manera parecido a como huele un glaciar. A todo esto, ni siquiera sé si un glaciar tiene olor. La única vez que estuve en uno hacía tanto frío que tener la nariz tapada era un tema de supervivencia.

Primavera: se lo podrán imaginar. Dulzón, insoportablemente dulzón. El nombre, además, me pareció uno de los menos originales, y la cantidad de flores en la etiqueta simplemente me descompuso. Descartado.

Rocío: volvemos al tema del glaciar. ¿Aroma a rocío? Por favor, ¿qué creen que somos?

Lavanda: obviamente el menos original de los nombres. Pero a mí me gusta bastante el olor a lavanda, me recuerda a mi infancia. Así que lo abrí, para sentir ese olor. La lavanda de Chernobyl me invadió por completo. Si eso es lavanda, estamos todos enfermos de la cabeza. Atroz.

Espíritu joven: noo, si ya lo dije más arriba. Que te paguen para inventar nombres de aromas de limpiadores de pisos, pasa. Pero ¿salir con algo así? Deberían despedir inmediatamente al que se le ocurrió esa denominación. Ni siquiera lo olí, porque la sola posibilidad de que alguien me dijera, al entrar a mi casa, “mmm, qué buen/mal/raro olor... ¿qué es?” y tener que responderle “espíritu joven” me hizo desistir.

Frescura frutal: cuando quiero frescura frutal, me voy al sector de las frutas y verduras. Si tuviera más presupuesto, me iría al Caribe a comer papayas, mangos y toda clase de frutas exóticas. Pero más olores dulzones, y esparcidos por mi casa... nonono, eso sí que no. Aunque hay que reconocer que el creativo de los nombres se esmeró.

Brisa polar: no veo qué tan diferente a la frescura glaciar pueda ser este aroma. Me suena a que se les pasó la mano con algún ingrediente secreto del frescura glaciar que hizo que una partida quedara parecida, paro no igual. Me imagino el pánico de los ejecutivos, diciendo “¡vamos a perder toda esa producción!”. Y justo entonces aparece el superhéroe creativo, que los calma, abre el frasco, lo huele y les dice: “efectivamente, esto no es frescura glaciar. Pero calma, no todo está perdido. Esto es (huele nuevamente)... brisa polar”. El júbilo se apodera de los ejecutivos, pero para mí este invierno ha sido suficientemente frío. Paso.

Fragancia marina: de nuevo, poco original. ¿Qué diferencia puede tener con el “Marino”? De hecho, me hace pensar que, en efecto, ése sí era olor a tripulante sudado, y éste es el que busca asimilarse al aroma del mar. Pero la posibilidad de tener mi casa con olor a caleta, pasada a pescado. No gracias.

Bosque de bambú: “ahora entiendo por qué los pandas están en peligro de extinción”, pienso cuando veo este envase. Pero lo abro, lo huelo y definitivamente no tiene bambú. No faltará el panda desesperado y drogodependiente que se tome un trago del verde líquido y quede feliz con sus probables efectos alucinógenos y su aceptable aroma, pero así como bambú, no es. Eso seguro.

Caricias de algodón: sí, hay un aroma que se llama así. Caricias de algodón. De algodón hidrófilo, le faltó llamarse. Siempre me gustó esa palabra: hidrófilo. En serio, desde chico. Algodón hidrófilo, suena bien, ¿no? Bueno, era otro aroma medio dulzón, así que lo descarté. Aunque les confieso que si se hubiera llamado “Caricias de algodón hidrófilo”, lo hubiera comprado. ¿Ven cómo hacen mal su trabajo estos creativos?

Aires navideños: sí, con envase rojo, con ramas de pino, esferas doradas y toda la parafernalia navideña. ¿El olor? Indescriptible, como todos. Tratando de tener algo de pino (del árbol, no de la empanada o el pastel de choclo), un dejo dulce. Espantoso.

Y ése es el recuento. ¿Cuál llevé finalmente? Bosque de Bambú. Me imaginé tomando shots del líquido verde junto con un panda, sentados en el living mientras conversábamos sobre la conservación de los bosques, la falta de alimento y la gente que hace mal su pega. No me pude resistir, claro.

Pero vuelvo al punto inicial: ¿Cómo puede ser que a alguien le paguen por inventar semejantes pelotudeces? ¡Yo quiero un trabajo así! Si puestos a inventar idioteces, yo también puedo. En serio.

Y bueno, aquí viene la participación de ustedes. No sé muy bien cuál puede ser. ¿Más aromas? Claro, los desodorantes ambientales y corporales, las colonias, jabones, todo lo que tenga aroma da espacio (y trabajo, y plata) a creativos que imaginan nombres de fantasía. ¿Más trabajos que no deberían existir? Ufff, son miles. ¿Experiencias propias con los aromas? Por favor, compartan. ¿Propuestas de aromas alternativos? Es una buena idea. El turno es de todos ustedes, amables lectores.

viernes 13 de junio de 2008

Descubrimientos

Mientras preparo algo más contundente, quiero compartir con ustedes un par de descubrimientos de profundo valor histórico y, a la vez, científico, que podría revolucionar la historia deportiva patria tal y como la conocemos hasta ahora.


¿Cómo -se preguntarán algunos- se puede hacer un descubrimiento que compatibilice a la vez tan disímiles disciplinas?

¿Cómo -cuestionarán otros- un descubrimiento de esta naturaleza llevará a cambiar la historia en esta larga y angosta faja de tierra?


Juzgue usted, estimado lector.

Descubrimiento 1. El famoso penal errado por Carlos Caszely, profesión ídolo, se debió a una causa puramente física.

Así es. Luego de profundas investigaciones y reflexiones, he logrado determinar que lo que en realidad ocurrió en ese fatídico día 17 de junio de 1982 -se acerca un aniversario-, en ese aciago momento, recordado hasta la saciedad por la fanaticada nacional, fue un episodio de corte puramente físico, a saber: el short apretado que el rey del metro cuadrado llevaba puesto -a la usanza de aquellos años, por cierto- le pellizcó una de sus gónadas, impidiéndole ejecutar el tiro como lo tenía previsto inicialmente.

Contra todo lo que indica la historia, cuando Caszely Carlos mira el suelo, manos en jarra, no lo hace lamentándose de la oportunidad desperdiciada, sino simple y puramente para que no se vieran las lágrimas de dolor -físico, por cierto- que corrían por su cara.

Descubrimiento 2. El Pato Yáñez -el gesto, claro está- tiene también un origen físico.

Aunque muchos -casi todos- argumentan que el recordado gesto (para quienes no lo conozcan, pueden verlo aquí) fue una reacción a la supuesta agresión a Roberto "Cóndor" Rojas, y que Patricio Nazario Yáñez lo habría hecho a modo de provocación y/o insulto al público presente en el Maracaná, lo cierto es que la razón primigenia de ese gesto es otra. Física, claro.

En efecto, en esa época el bueno de Patricio sufría de ladillas (phtirius pubis), parásito que le provocaba intensa picazón, que trató por todos los medios de aliviar. Era este mal el que lo hacía correr como endemoniado por la franja, no las ganas de alcanzar la pelota.

En el momento justo de la concepción del ya mítico gesto, el hecho de darse vuelta hacia el público fue simplemente para dar la espalda a sus compañeros, que ya lo tenían harto con las bromas de camarín respecto de su ectoparasitosis. Además, ya no soportaba que su toalla fuera la única en el camarín marcada con una gran estrella roja -era por patriotismo, argumentaron sus compañeros- en esta época pre depilación.

Prueba consistente e irrefutable del mal que lo aquejaba es este otro video, del partido de ida con Brasil en esas mismas eliminatorias, en el Estadio Nacional (antes, mucho antes de que les diera por renombrarlo).

Ahora dirán ustedes si no es este humilde servidor un historiador de tomo y lomo.


martes 13 de mayo de 2008

Expresiones catastróficas

Ya llevamos más de una semana con el tema del volcán Chaitén –y del pueblo del mismo nombre, y de Futaleufú y Palena –y las cosas no tienen cara de cambiar. Al menos no para bien, ya que sí se produjo un cambio: a la erupción del volcán hay que sumarle el desborde del río Blanco, que inundó buena parte de Chaitén. Murphy en estado puro. Eso de “cuando las cosas van mal, pueden ir peor”.

Así las cosas, y como uno no es ajeno a la contingencia, me veo en la obligación de hablar respecto del tema. Pero como no es mi intención reírme de tamaña desgracia, tendré que hacerlo de quienes hablan de la misma, preferentemente periodistas. Era que no. Así que aquí vamos, con una mezcla de crítica periodística (lo que algunos iluminados, en este mismo espacio, han dado en llamar metacualquiercosa) y de actualidad volcánica.

Las siglas. Enlazando con el post anterior, en estos días nos hemos acostumbrado a aciertas siglas: SERNAGEOMIN, ONEMI y ONG son, seguro, las más escuchadas. Ya nadie se cuestiona qué significan, o qué hacen. Simplemente se convirtieron en palabras de uso cotidiano gracias al volcán.

La solidaridad del chileno. Era que no, ha salido una vez más a flote la manida solidaridad nacional. Apelar a esta supuesta cualidad, a mi juicio absolutamente sobredimensionada, ha sido la constante de estos días. ONG´s, instituciones gubernamentales, de la Iglesia y tantas otras han apelado a esta supuesta cualidad patria para ir en ayuda de los necesitados. La solidaridad hasta ahora se ha mostrado en ráfagas, sin ser suficiente por el momento. Tengo la impresión de que buena parte de los solidarios están agazapados esperando que el volcán se derrumbe sobre Chaitén, sepultándolo para siempre, para hacer sus donaciones. Porque tampoco es cosa de abusar de la solidaridad, claro.

El masivo éxodo. Cómo explicarles a los profesionales de la información que un éxodo que no es masivo simplemente no es éxodo. Que lo de “masivo” sobra. No hay caso. Estas palabras son a estas alturas indivisibles, algo así como “dantesco incendio”. De seguro seguiremos escuchando cómo se produce este masivo éxodo de la zona. El término ya me tiene algo enfermo, la verdad. Podrían, por último, hablar de diáspora. Para variar un poco, digo yo, y de paso dejar a un par de televidentes con la boca abierta o rascándose la cabeza.

Los albergados y desplazados. Lo de albergados es un término recurrente en este país. Inundaciones, terremotos, incendios y toda suerte de catástrofes naturales nos permiten saber de albergados cada cierto tiempo. Pero ahora, y escuché a algunos periodistas hablando orgullosos de esto, tenemos verdaderos desplazados, término hasta hoy reservado exclusivamente a países en guerra y/o situaciones extremas de las que no habíamos podido alardear.

El acopio. Definitivamente este es uno de los términos predilectos de los periodistas que cubren el tema. Vamos dándole, día tras día, con el acopio de materiales y con el de comida, con el de ropa o de lo que sea. La cosa es acopiar. Acabo de decidir que, además de parapetarme este 2008, tendré que acopiar algo. Digo, con tal de conjugar el verbo, vale la pena.

Terremoto. No hay caso. Los periodistas de este país tienen un manejo lingüístico tan limitado que todo lo reducen a terremotos. Cuando tiembla fuerte, claro, es un terremoto. Y hablan de terremoto con toda propiedad (y de movimiento telúrico los más doctos). Pero si una nevazón cubre toda una región y la gente muere bajo la nieve, es un “terremoto blanco”. Ahora, con lo del volcán, les ha dado con el “terremoto gris”. Así no se puede. ¿Una inundación será un “terremoto líquido? ¿Un huracán un “terremoto aéreo”? Por favor, más creatividad.

El gigante dormido. Nooo, si hay que ser un genio para hablar del volcán como el gigante dormido. Qué metáfora. Otra que les gusta mucho es la de “fuerzas de la naturaleza”. Porque, séanlo todos, esta es una “clara manifestación de las fuerzas de la naturaleza”. Qué lugar común. Y otra denominación genial –esta vez no de un periodista, sino la del Intendente Sergio Galilea –fue la de “el enemigo”. Señor Galilea, si se plantea así, le va a ir mal. No es cosa de andar trenzándose en una lucha cuerpo a cuerpo con un volcán y después contarlo, déjeme decirle. Mejor se abuena, a ver si todavía está a tiempo. Llámelo "el compadre", a lo mejor resulta.

La población civil. Está bien, en la zona hay muchos, muchísimos uniformados. Especialmente militares. Pero de ahí a estar permanentemente refiriéndose a los ciudadanos de a pie como “población civil” hay un paso. Como que agota un poco eso de escuchar la combinación famosa 100 veces al día. Igual que masivo éxodo, parece que, al menos para Chaitén y alrededores, la combinación de palabras ya es irreversible.

Las combinaciones emotivas. Basta ver las escenas del pueblo desierto, de la gente dejando atrás sus casas o de los animales muriendo para emocionarse. Señores periodistas, son innecesarias –o por lo menos redundantes –expresiones como “desgarradoras escenas”, “escenas de profundo dolor”, “heroica lucha por sobrevivir”, “imágenes de profundo dramatismo” y demás frases hechas que buscan emocionar al televidente, lector o auditor hasta el límite de lo soportable. Por favor, un poco de compasión.

La zona cero. Desde aquellos atentados a las Torres Gemelas, necesariamente cualquier epicentro de cualquier catástrofe es la zona cero. Desconozco la razón de este término, pero quien lo inventó se debe estar revolcando por no haberlo patentado. Ahora, aún no escucho sobre la zona 1, la zona 2 y etcéteras. A lo mejor lo patento y me hago rico.

Piroclástico. Para cerrar dejo este término, definitivamente la vedette de estos días. Por la cantidad de veces que ha sido pronunciado, por la novedad del mismo, por el regocijo que ha causado a los afortunados que han podido usarlo y por la cantidad de combinaciones posibles, es sin duda el término estrella. Material piroclástico, materia piroclástica, fenómeno pircolástico, oleadas piroclásticas, explosión piroclástica y quién sabe cuántas variaciones más son comunes en estos días. Al menos –y viendo el lado positivo –vinieron a renovar un poco el lenguaje periodístico de las catástrofes. Y eso, a diferencia de la catástrofe misma, se agradece.

¿Algo más? Seguro que sí. Hay muchos términos que se deben haber quedado fuera de este recuento. Estimados lectores, es su turno de no aportar en este acopio de términos.

martes 29 de abril de 2008

Sopa de letras (o SDL)

Hoy, en Chile, tenemos paro de la salud. No es que repentinamente todos nos vayamos a enfermar porque la salud se declara en huelga, sino que el gremio de la salud –o los gremios, en estricto rigor –decidieron paralizar sus labores en demanda de mejores condiciones laborales.

Lo curioso no es que vayan a paro, algo que ya es relativamente habitual en este y otros gremios, como los contratistas de CODELCO (Corporación Nacional del Cobre), sino las entidades que convocan al paro: la CONFENATS (Confederación Nacional de Trabajadores de la Salud), la FENETSS (Federación Nacional de Asociaciones de Funcionarios Técnicos de los Servicios de Salud) y la FENPRUSS (Federación Nacional de Profesionales Universitarios de los Servicios de Salud). Parece broma, pero no lo es. Estas impresionantes siglas son reales, y agrupan a los funcionarios de la salud. Aunque a mi juicio, la FENETSS debería agrupar, por ejemplo, a los gastroenterólogos, o al menos a los pacientes con problemas de gases. Pero no, agrupa a los funcionarios técnicos.

Hay que agradecer, al menos esta vez, que no se haya plegado al paro la CONFUSAM (Confederación Nacional de Funcionarios de la Salud Municipalizada), ya que una organización con ese nombre obviamente sólo puede tener como fin confundir, y no es lo que se necesita en este momento.

En fin, para deleite de todos quienes insisten en llamarme SQNA o siglas por el estilo, aquí vamos con una breve pero contundente recopilación de siglas, porque en este país las siglas pareciera que dan estatus. Mis agradecimientos a Lilí Illanes, lectora que me propuso el tema y gran parte de las siglas aquí expuestas.

Primero, vamos con las televisivas:

SQP, CQC, MQH. Detestables programas de televisión dedicados a la farándula, que creen ser mejores –o pasables, al menos –por el hecho de usar una sigla como abreviación del nombre. Así, Sálvese quien pueda, Caiga quien caiga y Mira quien habla se han abreviado a 3 letras, lo que supuestamente los haría más soportables, pese a la basura de sus contenidos. Sí claro. Idiotas y la CDSM (Concha de su madre), y la PQLP (Puta que los parió). Disculpen ustedes el exabrupto, pero es que no hay derecho. ¡Ah!, se me arrancaba uno. MCC, Morandé con Compañía. Ése se salva por razones evidentes.

Los depresivos:

DIPRES. Dirección de Presupuesto. Está bien que algunos años el presupuesto sea exiguo. Que no alcance para todo lo que se quiera hacer. Pero, ¿DIPRES? Es como demasiado depresivo, ¿no? Ahora, con la bonanza del cobre, deberían cambiarlo por algo más alegre, más optimista. No digo que lleguemos a siglas como YUPI o HURRA, pero algo neutro, al menos.

LACRIM. Laboratorio de Criminalística. Claro, dan ganas de llorar de sólo escuchar el nombre. Me imagino a todos los efectivos llorando por los pasillos. Lo dejo aquí porque ya volveré sobre las siglas de la Policía de Investigaciones.

Los orientales.

Los seremis (Secretarios Regionales Ministeriales), que vaya a saber uno por qué, van con minúsculas. Parientes cercanos de los samuráis, claramente.
La JUNJI (Junta Nacional de Jardines Infantiles). Más japonés imposible.

Los gubernamentales

El gobierno, a estas alturas, parece ser poco más que una agrupación de siglas. La ya citada DIPRES, los seremis y la JUNJI dependen del Gobierno. Pero hay más. Ahora les ha dado por transformar en siglas los ministerios. Hablar, por ejemplo, del MINSAL para referirse al Ministerio de Salud, de MIDEPLAN para el Ministerio de Planificación (que nunca he entendido a qué se dedica, si en este país la planificación no existe ni de nombre) o de MINEDUC para hablar de la cartera de Educación. Ya nadie se refiere al Ministerio de Vivienda, sino al MINVU (Ministerio de Vivienda y Urbanismo). Todo esto me parece de una imbecilidad sin límites. Pero en esto de los ministerios, el peor que me ha tocado oír es el de MINTRATEL, para referirse al Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones. Claro, el nombre completo es un poco largo, pero la sigla es más complicada todavía. Y si seguimos en el gobierno, tenemos la SECPRES (Secretaría de la Presidencia), la CONADI (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena) y el SERVIU (Servicio de Vivienda y Urbanismo), que evidentemente no sirvió.

Las de las Fuerzas Armadas y de Orden

Partiendo de la base que lo de “Fuerzas Armadas” ya no corre (lo correcto son las FF.AA.), aquí encontramos siglas notables:

DIPRECA. Dirección de Previsión de Carabineros. Sofisticada sigla, por decir lo menos. Pero ya a nadie le extraña cuando se habla del Hospital Dipreca. Pero haga la prueba de escribirlo en un editor de textos con autocorreción, y verá como permanentemente le aprece “depreca”. Que viene a ser algo como “ruega”.

CESIM. Centro de Estudios e Investigaciones Militares.

ACAPOMIL. No se trata de un grito de vendedor ambulante ni de una tienda de ésas que venden todo al mismo precio, sino de la Academia Politécnica Militar.

ACAGUE. Una fineza de sigla, para referirse a la Academia de Guerra. Sí, ya sé. Yo también creí que era broma. Pero vaya a http://www.acague.cl/ y véalo usted mismo.

La Policía de Investigaciones

Con Investigaciones pasa algo curioso. TODO debe expresarse en siglas. Con eso caen en complicaciones increíbles, que sufren quienes deben pronunciar lo impronunciable. Es cosa de ver a un periodista de policiales haciendo un despacho cuando más de una brigada de Investigaciones está implicada. Es un verdadero trabalenguas. Vamos.
Partiendo por lo más simple, está la Brigada de Homicidios, con un desabrido BH. Podrían haber sido un poco más creativos y denominarse BRIHOM, más acorde a las políticas institucionales.
Por ejemplo, la JENADEC (Jefatura Nacional de Delitos Económicos) investiga, obviamente, los delitos de esa índole. De ella depende la BRICIB (Brigada Investigadora del Ciber Crimen). Caso aparte son la BRICO (Brigada Investigadora del Crimen Organizado), el DISUQ (Departamento de Investigación de Sustancias Químicas), la BIRO (Brigada Investigadora de Robos) y la JENAFAM (Jefatura Nacional de Delitos contra la Familia).

Como si todo lo anterior no bastara, la policía tiene a la BRISEXME (Brigada investigadora de Delitos Sexuales y Menores Metropolitana), que en estricto rigor debería ser la BRISEXMEME, pero era mucho. También la BRIDEC (Brigada de Delitos Económicos), la BRILAC, que contra todo lo que pueda parecer, no investiga los delitos lácteos ni los crímenes contra el yogurt, sino el lavado de dinero (Brigada Investigadora de Lavados de Activos). Seguimos con la BRIDERPO (de Delitos Portuarios) y la BRIDEPI (Delitos de Propiedad Intelectual).

Y esos son sólo ejemplos, porque hay más. Si no los pongo es sólo para no parecerme a un sitio amigo dando la lata. Pero ¿se imaginan cuando se llaman por teléfono?

-Briderpo, buenos días.
-Sí, buenos días, lo llamo de aquí de la Bricrib.
-Ajá. ¿Dependencia de la Jenadec, no?
-Afirmativo.
-¿Con quién quiere hablar?
-Con el subinspector Vallejos.
-Negativo. Sírvase llamar a MCC.
-Copiado. Cambio y fuera.

Por último, una anécdota personal. Estaba yo con un amigo cotizando el servicio de envío de un libro al extranjero. Llamamos por teléfono a una empresa, en la que la telefonista, amablemente, procedió a dar la información. Nos dio un precio determinado, correspondiente a un PPI. Y bueno, el precio del PPI es tal, y se demora tanto, porque el manejo del PPI tiene determinadas características... Los ojos de mi amigo –al teléfono –se abrían cada vez más. Hasta que lo escuchamos preguntar, luego de larga conversación, qué diantre era PPI. “Pequeño Paquete Internacional”, le contestaron al otro lado de la línea, con tono de “imbécil, cómo no sabes lo que es un PPI”. Los ojos abiertos por la cantidad de información se llenaron de lágrimas de risa, y la conversación no pudo seguir, como era de esperar.

Quedan fuera miles –de verdad miles, no es por decir “muchas” –siglas, muchas de ellas de uso tan diario que ya ni se consideran siglas. El IMACEC, el IVA, la UF, la UTM, el IPC, todas las siglas municipales, incluyendo la SECPLAC, el Servicio Nacional de Geología y Minería, SERNAGEOMIN, la ISAPRE, FONASA, las AFP, el cuasi sillón de siquiatra que es la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM) y muchos más. Y no estoy contando las siglas con las que tenemos que tratar en el computador, porque eso ya sería un exceso.
Y usted, estimada, estimado, ¿tiene experiencia con las siglas?

miércoles 19 de marzo de 2008

Peleado con la tecnología

Hay días en que uno anda a patadas con la tecnología. Esos días en que nada relativamente tecnológico se nos da, en que todo lo que puede fallar falla. Esos días en que incluso la tecnología básica, que ya damos por descontada –una calculadora, el refrigerador, el microondas –puede depararnos una sorpresa.

Y bueno, ayer tuve uno de esos días. Terrible. Peleado a muerte con la tecnología, y postulando a escribir el capítulo tecnológico de Murphy. Todo salió mal –tecnológicamente hablando –lo que me llevó a pensar en un complot de las máquinas contra mí. En serio. Alguno dirá que estoy loco, y es probable. Seguro que ustedes también lo han sentido. Pero es que, como dirían Alfredo Alonso y compañía, hay un límite. Veamos.

Caí en Facebook. Lo sé, fue un error. Me di cuenta en cuanto lo hice, pero no pude evitarlo. Necesitaba saber de qué se trataba este fenómeno del que todos hablan. Luego de varias invitaciones de amigos y sobre todo conocidos –porque no soy Roberto Carlos tampoco –caí en la tentación. Creé mi cuenta, que vaya a saber uno cómo, rastreó mis contactos y me los desplegó en una lista para enviar invitaciones. Ahí me vino el arrepentimiento. El pudor de invadir a la demás gente con un “fulano dijo que es tu amigo”. Pero seguí adelante. Agregué algunos contactos, subí mi foto... y aquí viene el desastre. No me movió ni un pelo. Cero gracia. El problema es que me siguen llegando invitaciones y confirmaciones de invitaciones y quiz y mensajes y mil cosas. Horrible.

El teclado. Ese aparato conectado al computador, el mismo que me permite escribir estas líneas, tiene versiones realmente para enloquecer a cualquiera. Aquí hay tres problemas principales, que analizaré por separado:
Las teclas duras. Insoportables. De esas a las que hay que aporrear para poder escribir algo, esos teclados que han hecho aparecer una nueva disciplina deportiva, el tipeo-box. Además, no sólo molestan al que trata de escribir, sino a cualquiera que se ubique cerca, porque el ruido de la lucha cuerpo a cuerpo con el teclado es insufrible.
La tecla “backspace” en miniatura. ¿Dónde quedaron los teclados que tenían esta tecla del tamaño de –al menos –dos teclas de letras? No, ahora la tecla es del mismo tamaño de cualquier letra, lo que lleva a que, luego de borrar algo que no nos parece, aparezca algo como ççççççççççççççççç. Me pasó varias veces ayer. Y todo porque los muy genios tienen que ahorrar espacio, porque se les ocurrió meter mil funciones más al teclado. Lo que nos lleva al siguiente punto.
La tecla “power”. Esta maldita tecla es el colmo de la creatividad de los genios informáticos. Se trata de una tecla que tenemos algunos privilegiados, ubicada justo sobre –y un poco a la izquierda –del teclado numérico. Lo que la dichosa tecla hace, obvio, es apagar el computador. No cerrar la sesión, no ponerlo a hibernar. Apagarlo. Y sin previa ventana para confirmar, o pidiéndole guardar los cambios. No, pues. Usted la aprieta y ya, el computador se apaga.

Yo soy un privilegiado: mi teclado cumple con las tres características. Y ayer, luego de transpirar en el cuerpo a cuerpo con las teclas y ver el çççççççç en infinidad de oportunidades, miré el reloj y vi que estaba atrasado para una reunión. Tenía varios documentos abiertos en paralelo, así es que decidí guardar los cambios. Pero antes –justo antes, claro –terminaría de meter algunas cifras en un archivo. El apuro me hizo apretar el botón power y perder todo lo que tenía hecho. Y comprenderá usted –estimado, estimada –que para un flojo trabajar es terrible, pero trabajar dos veces es infernal.

Fui a la reunión. Salió todo bien –o relativamente –creo que principalmente porque no había un computador en la sala. Pero cuando volví al computador, siguieron los problemas.

MSN. Claro, la herramienta fundamental de cualquier trabajador. Sin ella no sé lo que haría. Una maravilla tecnológica para mantenerse comunicado en tiempo real, a la vez que se puede trabajar. O algo así. Todo bien, salvo que ayer, claro, no sé cómo ni por donde se metió un virus a mi MSN, que se reenvía automáticamente a mis contactos, además de dificultar el funcionamiento de mi computador. Un suplicio. Lo peor es que tuve que renunciar a mis principios en cuanto a nicknames –expresados claramente aquí –y cambiar mi sobrio “El que no aporta” –ocultaré mi real identidad –por un mucho menos elegante “El que no aporta. NO ABRAN NADA QUE LES MANDE” y luego de pelear varias horas con el problema, sin éxito por cierto, un derechamente descompuesto (perdonen ustedes) “El que no aporta. NO ABRAN NADA QUE LES MANDE. VIRUS Y LA CONCHA DE SU MADRE”, que se mantiene hasta hoy, puesto que, aunque creo haber resuelto el problema, no estoy seguro.

Para finalizar el día, y sólo como guinda de la torta, tenía que subir algunos archivos a un servidor FTP. Obviamente –no me esperaba otra cosa –estaba caído. Fue entonces cuando decidí tomar mis cosas y largarme, de una vez por todas, a mi casa. Ahí, con MI computador, sería otra cosa. Pero no. No tenía Internet. Reinicié computador, módem, conexiones inalámbricas, cambié parámetros. Nada. Llamé a la compañía, y quedaron de mandarme un técnico. El próximo lunes. Pensé ir a lavar ropa, pero seguro terminaría ahogado en la lavadora, cual Mago Oli en el tarro de leche. Fue entonces cuando, exhausto, me fui a dormir.

Hoy creo haber solucionado el virus, aunque el nick sigue, por si acaso. El teclado sigue teniendo teclas duras, pero no he apretado la tecla ç sino intencionalmente, y voy invicto con la de “power”. Además, decubrí que hay más gente que detesta la tecla backspace chica. O sea, no estoy solo. El servidor FTP ya está en red, y subí lo que debía. La conexión de mi casa se arregló sola, como por arte de magia. Aun no me convence Facebook, pero por suerte los mensajes e invitaciones escasean. Hoy la vida me sonríe. Pero está la incertidumbre...¿Irá a tener mi historia un final feliz? ¿Y la suya?

martes 26 de febrero de 2008

Se acabaron las vacaciones













He vuelto. Sí, se acabaron las vacaciones, y ya estoy en el trabajo.
No me voy a quejar, no señor. Fueron unas largas, (in)merecidas y provechosas vacaciones, que me ayudaron a descubrir ciertas cosas, que detallaré a continuación.

1.- Echo de menos mi blog. Así es. Algunos días sin acceso a Internet y me comenzaba, digamos, a colocar nervioso. Por suerte estuve casi permanentemente revisando los comentarios, aunque reconozco que parte de mi desconexión fue no responderlos ni publicar un nuevo tema. Pese a que los muchos comentarios sobre Arjona me empujaban a hacerlo, resistí estoico. No voy a contestar ahora los comentarios, porque no viene al caso, pero los leí todos. Gracias. Totales.

2.- No voy a cumplir todos los (des)propósitos que me hice para este año. Por lo mismo los voy a recalificar en:

a. Los que voy cumpliendo, y espero cumplir:
-Aguantar menos la estupidez. En este voy con honores.
-Tomar más Coca Cola. Cumpliendo, y bien.
-Tomar más micheladas. Parejito.
-Seguir con mi blog. En eso estoy ahora mismo.

b. Los que ya no cumplí:
-Aprovechar mis vacaciones para hacer lo que en el año no tengo tiempo de hacer. Definitivamente todos esos propósitos de aprovechar al máximo el tiempo se desvanecen ante una almohada o una siesta a la sombra a orillas de un lago.

c. Los que voy cumpliendo, pero definitivamente dejaré de lado:
-Comer más. En este propósito voy como avión, pero ya no doy más. Intenté jugar tenis y duré un set. Uno solo, y no a gran nivel, por cierto. En el segundo ya arrastraba los pies y no me podía la raqueta. Así no pues. Hay un mínimo de dignidad, así que me retracto de este propósito.

d. Los que no he cumplido aún, pero espero cumplir:
-Trabajar menos. Como vengo llegando, no he tenido la oportunidad de superarme a mí mismo. Ya veremos qué se puede hacer. O no hacer, más bien.
-Parapetarme. Tampoco he tenido la oportunidad, pero estoy atento para no desperdiciarla apenas se presente.

3.- No me canso de descansar. Así es, podría pasar el año completo de vacaciones y no me pasaría nada. Desconozco esa sensación que algunos describen de “necesitar hacer algo”. No, yo no sufro de eso. Por mí, 365 días (366 en el presente año, no vaya a ser que busquen el resquicio para hacerme trabajar un día) de vacaciones.

4.- Todos hablan del famoso “estrés postraumático”.Claro, existe. Es terrible, al parecer. Pero, ¿qué me dicen del estrés pretraumático? Ése que viene antes del trauma de la vuelta al trabajo, y que nos ataca durante los últimos días de vacaciones. Es terrible la sensación de ver cómo se acaban las vacaciones y la pega se acerca inexorablemente. Si no fuera por la cruda necesidad, por el vil dinero, sería el momento ideal para parapetarme y no trabajar nunca más. Pero ya ven, estoy de vuelta.

5.- El mal de Arjona está más extendido de lo que uno cree. En mis vacaciones tuve la oportunidad de recorrer largamente un supermercado de provincia al son del detestable, y me crucé con un par de personas que me dijeron como si nada, casi orgullosos, que a ellos les gustaba.

Ahora vuelta a la realidad. Ya vendrá una entrada de verdad, pero es mi primer día laboral luego de mis extensas vacaciones. Como bien diría Alberto Plaza, “no me pidas más de lo que puedo dar...”.

A modo de Post Data, sobre algunos comentarios del post de Arjona:

Anónimo, hay dos situaciones posibles para su comentario (ambas gravísimas):
-De verdad a usted le gusta Arjona (caso en el cual se entiende su anonimato)
-Usted ES Arjona (caso en el cual se entiende aun más)
Lo lamento por usted (en cualquiera de las situaciones)

José Miguel, terrible experiencia la de Arjona orquestado. Pero en mi maquiavélica mente imagino algo aun peor: Arjona andino. Sí, como esos asquerosos Beatles andinos. Con zampoña, quena, charango y bombo. ¿Se lo imagina? De terror.

A modo de post post data, la foto que ilustra este comentario es mía (otra vez, para los cortos de entendederas, no soy la vieja de la silla... yo la tomé). En una playa del litoral central, vacacionando la señora. Qué combinación de palabras la de vacacionar en el litoral. Tersianas me vienen.

miércoles 16 de enero de 2008

Arjona

¿Han notado lo repugnante que es Arjona?

En algún minuto lo dudé, es cierto. Habiendo tanta gente que lo escucha, mucha de la cual lo considera un verdadero poeta… ¿No sería yo el equivocado? ¿No sería que era yo un insensible, incapaz de conmoverme con el romance de sus canciones? Era una posibilidad, claro.

Pero vi la luz. Y todo gracias al descubrimiento de que hay muchos otros que detestan a este oscuro personaje. Me encontré con tantos otros que detestaban a Arjona, que no soportaban sus letras melosas y su pose de trovador. Somos miles. Entre ellos Alberto Montt, autor de la ilustración de arriba.

Lo que más me molesta de Arjona es su necesidad de que todo rime. Nadie le explicó que, a veces, una palabra disonante podía darle un qué se yo a una rima. No señor. Para él, la rima ante todo, aunque tenga que inventar palabras o armar frases sin ninguna lógica.

Además está su cursilería sin límites, y su uso reiterativo de clichés. Espantoso. La música también es mala, y su aspecto es repugnante. En resumen, un indeseable integral.

Decidí recopilar una muestra selecta de sus letras, para poner en evidencia el porqué de mi odio hacia él, para mostrarle al mundo –o a mi mundo, al menos –por qué nadie debería escuchar a Arjona. Para lograrlo me puse a leer las letras de sus canciones. Grave error. Además de terminar profundamente irritado –e irritable, por cierto –me di cuenta de algo que debería haber sido evidente desde el principio: no se puede hacer una selección de frases cliché, cursilerías y rimas sin sentido, porque TODAS sus canciones, completas, estarían en la selección. En serio. No encontré una sola frase que se salve.

Pero bueno, ya que perdí un rato leyendo esa basura, comparto con ustedes una selección de las frases que más detesto, y un breve comentario al respecto. Esto no quita que deteste todas las demás, pero no las incluyo aquí por problemas de espacio. Y de estómago.

Te saludaba con mi cara de asustado
mientras le pedía a Dios que se tapara el excusado
para irte a echar un vistazo…
Arjona es sin duda un creyente profundo. El problema es que en su infinita cursilería, en su lamentable visión de la vida, cree que Dios existe sólo para solucionarle sus patéticos problemas amorosos. Y que lo hará tapando el WC de la agraciada señorita que persigue. Terrible.

Tuve sexo mil veces pero nunca hice el amor.
Corta y precisa. Ésta me da ganas de vomitar. Es de lo peor que he escuchado en la vida, en serio. ¿A alguno/a de ustedes le gustaría escuchar algo así? ¿Y en la cama? Para vestirse y arrancar en el acto. Literalmente.

Dicen que fue una costilla
Hubiese dado mi columna vertebral por verlas andar.
Ni en el peor de mis momentos diría algo así. Está bien, hasta eso de “no se puede vivir con ellas, pero tampoco sin ellas” pasa. ¿Pero esto? Por mí que se quede con su columna y dé sus cuerdas vocales por verlas andar. Y todos felices.

Y hoy estoy solo como un niño en un asilo de ancianos
Solo como un anillo para un hombre sin manos.
Ésa sí es poesía. ¿En serio no fue capaz de encontrar una mejor figura para decir que estaba solo? Si sigue escribiendo así, seguro se queda solo como peineta de JM (R.I.P.), solo como neurona de Kenita Larraín, solo como condón de John Bobbit.

Como querer bajar a pedradas una estrella fugaz
Como querer encontrarse un humano sin antifaz
Como decir que Hitler murió en paz
Y que el Guasón jamás uso un disfraz.
Esta es una muestra impresionante de los niveles que puede alcanzar con tal de lograr una rima. Mezclar a Hitler con el Guasón, así sin más. Repugnante

Cada oveja busca su pareja
Y se construyen su propia reja
Aquí quedé en blanco. Debe ser filosófica esta canción, porque no entendí qué quiso decir. O sea, lo de la oveja y su pareja, aunque frase hecha, pase. Pero ¿se construyen su propia reja? ¿Ovejas carpinteras? ¿Soldadoras? El valor agregado –para él –debe ser la rima triple oveja-pareja-reja. Espantoso.

Cuidado que entre la seda
También cabe un papanatas
Cuidado que el caviar
También le gusta a las ratas.
Ojo, que también es crítico social. En todo caso, ¿de dónde habrá sacado que el caviar le gusta a las ratas? ¿Un estudio?

Has hecho el amor más veces que mi abuela
y aún no acabas ni la escuela.
Y aún sabiendo que no eres el mejor partido,
dime quién puede contra Cupido.
Claro, el hombre es un romántico al que no le importa el pasado de su amada. Es que con Cupido no se puede.

Como encontrarle una pestaña
A lo que nunca tuvo ojos
Algo debe querer decir esta frase, porque no rima. Su inclusión debe ir por el trasfondo metafísico que encierra. El que lo encuentre, por favor que avise.

El Problema no es que duela
El Problema es que me gusta
El lado masoquista de Arjona. A lo mejor si entre todos le regalamos algunos instrumentos sadomasoquistas mal calibrados, podemos conseguir algo más que dolor.

Hasta aquí por el momento. Quiero seguir con un par de preguntas. ¿Será que Arjona está mal asesorado? Fue la teoría que me planteó la Fran en una discusión al respecto, en Blogkatonic. Yo creo que no. Porque todas estas letras pueden pasar por una pobre asesoría –además de la pobre capacidad del compositor, claro –pero hay una canción completa que echa por tierra lo de la mala asesoría. Una que demuestra que Arjona actúa con premeditación y alevosía, sin considerar el prontuario. Se llama “De vez en mes”, y reproduzco algunas partes a continuación.

De vez en mes te haces artista,
dejando un cuadro impresionista
debajo del edredón.

De vez en mes con tu acuarela,
pintas jirones de ciruela
que van a dar hasta el colchón.

Si es natural cuando eres dama,
que pintes rosas en la cama
una vez de vez en mes.

De vez en mes una cigüeña se suicida,
y ahí estás tú tan deprimida
buscándole una explicación.

De vez en mes a ti te da por tomar siestas,
a tus hormonas por las fiestas
y el culpable siempre yo.

Aquí viene otra agravante, así que a afirmarse. Extracto de una entrevista, en la que la periodista le pregunta puntualmente por las críticas a la letra de esta canción.

Periodista: Pero hay quienes te critican puntualmente las letras... como "De vez en mes".

Arjona: Contra lo que puedan decir mucho, esa canción (sobre la menstruación) me resulta una de las mejores que escribí. [...] Por ejemplo, "De vez en mes una cigüeña se suicida" me parece la frase más hermosa del disco. Me emociona, es linda [...]

Así no se puede.

Para cerrar, algunas opiniones respecto del guatemalteco.

Alejandro Filio, cantautor mexicano:
“Arjona es un estereotipo de lo que hoy en día se llama facilismo, el facilismo de la música, y lo vemos claramente en sus versos. Un poeta que dice `cómo encontrar una pestaña donde nunca hubo ojos´ pues, es un tipo que no puede aportar mucho a la música...”.
Eso sin contar que Filio compuso una canción, “El reino de los ciegos”, donde lo critica directamente.

Vicentico, cantante argentino:
“Arjona es un genio… hay que hacerle una canción a la menstruación”.

Y usted, estimado, estimada, ¿qué opina de Arjona?